Inaugurada en 1968 por
Miguel Báez Espuny Litri, El Cordobés y
Angel Teruel, que lidiaron reses de Celestino Cuadri. Aforo de 15.00
espectadores. Ubicada al extremo de la calle Gravina, en la carretera
que conduce a Gibraleón.
Construida sobre el solar
donde se levantó la primera plaza de Huelva, inaugurada en 1902 por
Miguel Báez Quintero Litri y Machaquito, con toros de Saltillo. Aquella
plaza tenía capacidad para 6000 espectadores. Constaba de dos pisos;
medía el redondel 45 metros de diámetro.
Al fin del siglo, la
aparición del matador de toros onubense Miguel Báez Quintero 'Litri'
elevó sobre manera la afición a los toros y, en febrero de 1.902 se
empieza la construcción del nuevo coso, que se inaugura un 5 de
septiembre del mismo año, con una corrida de toros del marqués de
Saltillo, que estoquearon Litri y Machaquito. Su aforo era
aproximadamente la misma que la anterior. El tiempo hizo presa y llegó
el momento en que sólo quedó en pie su estructura, permaneciendo durante
largo espacio de tiempo en total abandono.
Pero la Vega Larga de
Merced seguía sintiendo nostalgia de ese sabor típicamente onubense de
tantas tardes de glorias. Fue entonces cuando, conservando su primitiva
estructura centenaria, se volvió a reconstruir de la mano del hasta hace
poco su empresario, José Luis Pereda, que hizo volver el esplendor de
tantas tardes. El 29 de julio de 1.984 se procedió a la reinauguración
de la plaza de La Merced, con un cartel formado por los espadas Miguel
Báez Espuny 'Litri' -que reaparecía esporádicamente para la ocasión-
Curro Romero y Pepe Luis Vázquez. Los toros lidiados fueron de Jandilla.
La plaza de toros de la Merced ha sido testigo de una auténtica
gloria en la Fiesta de los toros, y por las que han desfilado las
figuras de todas las épocas. Formando parte de una vieja historia del
sentir de un pueblo que ha dado a la fiesta grandes figuras conocidas
por todos los aficionados. Desde ese año 1984, la Vega Larga de La
Merced ha vuelto a vestirse de luz y color en las tardes de toros
onubenses. Esta antigua nueva plaza de toros, con el pasar de los años,
siempre ha tenido un espectador perenne, el Cabezo del Conquero, tan
identificado en una ciudad abierta a todos sus visitantes, como ese mar
que abrió al mundo un nuevo continente.
